La palabra retazo me remite a cachos, pedazos, trozos, partes. Así llamé a este espacio porque pensé que habría un poco de todo.
Rompo los huevos, que son duros o batidos; a veces me da por separar las claras de las yemas, otras espolvoreo más o menos azúcar, dependiendo del color de mis recuerdos y mis días; también puedo añadir un chorrito de vainilla, echar harina, y hasta decorar con fresas, cerezas, plátano o mango.
El pastel con los ingredientes integrados no está en el horno. Puede ser que haga falta salir de mí para tomar el lugar de una sanguijuela y chuparles la sangre a los protagonistas de Prima, modorra, modorrilla y alba, para que Sam nos diga si logró olvidarse de Chupirul, para que Afrah Bathich nos cuente si en su lencería predomina el gosipino o para seguirles la pista a Almendrita y Chucha, dos chavas millennial con gustos diversos y extremos.
Está por verse. Mientras tanto, no abandono este proyecto.
—Híjole, yo ya me había estacionado —comentó Mahala— y vi que venía Rioh. ¡De pronto oí un guamazo, el cuate de la moto salió volando!
Con moto y sin can
Santísima Madre, así pintaba el festejo.
—¿Qué pasó —grité.
—Es Rioh —dijo Kama.
Imaginé lo peor y bajé las escaleras cual vaca de lidia. El frente de su coche se había desintegrado y un motociclista dolorido se recargaba en un árbol. Como suele pasar en la ciudad de México, los repartidores manejan como alma en pena y desafían la segunda ley de Newton, que involucra aceleración, masa y fuerza.
Sirvió de poco que Rioh indicara que daría la vuelta, el temerario conductor quiso ganarle al auto y pasar por delante. Nanay.
—Tendría que ir al Ministerio Público en calidad de detenida.
Dioses del Olimpo, Rioh con los ojos desorbitados, la boca espumante y el fulano poniéndose el hielo que cariñosamente le ofreció Polly. Adentro de la casa se acumulaban arreglos cumpleañeros, suculentas botanas y la mar de bebidas alcohólicas.
—Pero mire dónde me pegó, yo no tuve la culpa, ¿cómo que al MP?
No me imaginaba a Rioh en una celda, máxime que ha pasado por la vida con cara de #yonorompounplato
—Es cierto, pero hay un herido. Déjeme ver qué puedo negociar.
Ay, qué desasosiego, y este bochinche ya no se puede cancelar.
Suddenly…
—Mire, señora Baca, la aseguradora pedirá la ambulancia para el siniestrado (horrenda palabra) y a usted le darán la mitad del deducible.
¿Será que partiremos pastel?
Visto sin sobresalto, qué fortuna que el conductor de la motocicleta estuviera coleando de vivo y que se evitara la intervención de nuestros eficientes y níveos Ministerios Públicos, infestados de burócratas que bostezan sin tapaboca, mascan (y truenan) chicle, duermen el sueño de los “justos” (o crudos) y brindan un servicio en modo de adagio.
La crisis fue superada al amparo de cinco botellas de vino y algunos fogonazos. Rioh la hizo de DJ, olvidó la afrenta y el frentazo, Mahala regresó airosamente de su blackout alcohólico, Polly soltó sus más sonoras carcajadas e hizo gala de la mofa, Pablo rió y lloró con recuerdos envueltos en canciones y las Perritas volvieron a su jilgueresca adolescencia.