Rookiebloguera

Oh sí, el año pasado se me metió el gusano de crear un blog, hasta compré el libro Redes sociales, de LID Editorial (LIDeditorial.com). Lo lancé formalmente —el blog, no crean que el libro— el 3 de enero de 2015.

Puedo decir que cumplí, porque no lo abandoné, aunque lo hice a medias, dado que mis entradas fueron en picada, como supongo que sucedió con el avión de Saint Exupéry cuando quedó varado en el desierto del Sahara.

En enero me clavé y escribí casi a diario; en febrero y marzo me eché 12 retazos, y en la segunda mitad del año mi producción tendió a ser raquítica.

Les confesé que era un proyecto que me daba miedo arrancar y concluí que “lo importante era soltarme y disfrutar del acto de escribir”. Fue curioso: inicié con brío, con ganas de sentarme a relatar historias de tocho morocho y poco a poco menguaron mis ganas: me quedé corta en disciplina, trabajo y macheteo cotidiano.

Ninguna musa, ni siquiera #DisneyCampanita (monigota cursi), iba a revolotear alrededor de mi cráneo para regalarme inspiración y dictarme frases maravillosas que se tradujeran en la escritura automática de los surrealistas. “¡Que el yo del poeta se manifieste con libertad, sin trabas!”. Ja, ¡ni que fuera la transcripción de voces del más allá!

Campanita

Agradezco los comentarios de quienes me hacen el honor y confieso que pensé en que habría más interacción. En Redes sociales leí que mi “[…] objetivo debe ser fomentar el debate y estimular los comentarios”.

No sé, quizá más mentadas de madre, o “no estoy de acuerdo”, o “yo también soy un(a) freak #NoTeSientasTanSolaEnElMundo”, o “yo no tuve TOC, pero me da por la bipolaridad”, o “no eres ni serás la única persona que tiene miedo”. ¡Claro que me creé expectativas y que fantaseé en torno a lo que sucedería con este pequeño ciberespacio!

Cuando me refiero a él, hay quienes preguntan:

—¿Y sobre qué escribes?, ¿de qué es tu blog? (no es de chocolate ni de fresa ni de puntos azules y amarillos…)

—Chale, pus de todo un poco; al principio pensé en concentrar buena parte de mi esfuerzo en hablar de comida y restaurantes, pero fueron colándose mis opiniones, experiencias, anécdotas, alegrías y tristezas. También me propuse aventarme un Bai de güey al final de cada retazo, y si he asentado cuatro son muchos.

Quiero terminar diciembre con cinco escritos, es decir, con 105 entradas en el año: ocho punto y pico si las dividimos entre 12 meses. Cifra paupérrima para cualquier ente que se precie de dizque “escribir”. Such is life, my friends, y viéndolo por el lado menos dark puedo sentirme satisfecha de cerrar 2015 con una bitácora web que sigue dando sus bocanadas de letras.

En mi familia han escrito —de tejer y bordar nada— y me vi a su vera, menos prolífica (por no decir más huevo…) y más ignorante, aunque con loqueras transmitidas con cierta decencia discursiva.

tejer

http://mx.depositphotos.com/25958947/stock-illustration-vector-cartoon-of-grandmother-knitting.html

Las veces que golpeé la tecla me reí, como con los episodios turcos; lloré, como cuando relaté la muerte de mi madre; me frustré: quería escribir pero me salía espuma (plagio a Vallejo); me traumé (escritura “chata”) y me divertí, sobre todo buscando imágenes que apoyaran mis ideas.

El “bendito” 2016 ya nos pisa los talones —sí, caigo en “cómo vuela el tiempo” porque, en efecto, se va como alma que lleva el diablo.

Me propongo continuar y ser más constante; si no, quiero que alguien levante la mano, se identifique y me la refresque.

Ciao.

Sempre diritto!

Hoy ha sido un mal día. Voy a caer en mi agujero si no ataco el ensimismamiento y me receto un “traga y haz”. Por eso decidí recordar otra escena de las Perritas en Estambul.

Ya dije que la Perri menor está acostumbrada a que los autos se detengan, no porque pare el tránsito con una atrevida tanga “divisoria”, sino porque allá, en su pueblo, dicho con sus palabras, It’s the law.

En Estambul parecía no haber leyes para cruzar la calle, sobre todo si uno no se topaba con un semáforo. El chiste es que para seguir adelante con nuestros planes teníamos que pasar del otro lado y enfrentarnos a oleadas de vehículos conducidos por turcos cuyo objetivo era avanzar, pasar, llegar.

—Chin, hija, ¿y ‘ora?
—Güey, yo qué voy a saber, queremos pasear por el Bósforo y los barcos están del otro lado.
—¡Manejan como locos!
—Ay, igualito que en la ciudad de México, lo que pasa es que hace 18 años que te hicieron efectivo lo de “el peatón es primero”.
—¡Qué bárbaros!
—Ajá…

De repente vi a una mujer, una especie de Tío Cosa con los ojos enrejados en una terrible y ofensiva bolsa de tela negra, y a un señor que empujaba con enjundia una carretilla.

Sin palabras
Sin palabras

http://blogs.law.harvard.edu/chriswoodcb12/files/2012/05/Burka-and-Protest-2.jpg

—Éstos son de aquí, órale, ¡síguelos!
—¿¡Qué!?
—Que dejes de pensar y te parapetes con estos güeyes que deben saber el tejemaneje callejero.
—Ay…
—Ay nada, hija, ¡vamos!, así nos aseguramos de que primero les pasen por encima a ellos.
—Bueno…
—Además no creo que se atrevan a aplastar a esta señora.

Pues nos lanzamos, dizque escudándonos en un burka y en un hombre que decía «voy derecho y no me quito». Gracias al cielo que mi hermana no llevaba flip flops; esa tarde sus pantuflitas de hada madrina región cuatro me parecieron un lujo.

Lo sé, en gustos se rompen géneros...
Lo sé, en gustos se rompen géneros…

—¡Órale!
—Ya voy, caray.
—Es que esta mujer trae cuete, se mueve como muñeco de videojuego.
—¡Deja de carrerearme! ¿Por qué no te pusiste de este lado?

Brillante, ¿no? Yo iba protegida por el turcazo de la carreta y el Tío.

Tio_Cosa

—Gandalla, desde siempre, y para colmo nomás oigo tu risa. Burlona.
—Bueno, ya pasamos, ¿no?
—Perrita.
—Pero te quiero, con todo y esas horrendas chanclas que hoy te convirtieron en gacela.
—Sin cuernos, ¿eh?

Más tarde, al caer el sol, nos dimos cuenta de que había un puente por el que podíamos cruzar de lado a lado cuantas veces quisiéramos.

—Tonta.

—Duro insulto, pero lo acepto.

Ahí nos vidrios (nos vemos).